O Codesal descansa ya para siempre. Donde en su día hubo porterías, banquillos o vestuarios, hoy solo quedan ruinas. Donde antes había una arena oscura y dura, ahora únicamente se ve una gran cantidad de tierra levantada. Pero sin duda, lo más impactante de todo es que en el mismo campo donde hace una década se vivía una fiesta cada dos semanas, ahora reina el más profundo de los silencios.

Porque la historia de O Codesal no podría entenderse sin su equipo: el SRCD Dorneda. En la primera década de los 2000, la mezcla entre una cancha entregada y particular, y la fe de unos jugadores irrepetibles, llevó a un club apenas conocido a lograr unas metas inimaginables. Sin embargo, en su camino se cruzó el fútbol moderno. Ese en el que importa más lo que tienes que lo que eres, en el que lo primero es pagar y lo segundo jugar, y en el que la fragancia original del deporte rey ya solo se huele cuando se rememoran hazañas futbolísticas del pasado. Esa nueva concepción del balompié terminó hundiendo al Dorneda. O Codesal se mantuvo en pie pero, al final, como los buenos capitanes de barco, acabó hundiéndose con su club

 

texto:Jacobo castro

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